Cómo la motricidad en las rutinas diarias impulsa el desarrollo infantil
Resumen
A veces pensamos que para estimular a un niño hacen falta materiales específicos o actividades muy elaboradas. La realidad es mucho más sencilla porque las mejores oportunidades aparecen durante las rutinas que ya existen en casa.
Cuando pensamos en el desarrollo de un niño o una niña solemos imaginar grandes hitos: dar los primeros pasos, aprender a correr, coger un lápiz o subir unas escaleras. Sin embargo, detrás de cada uno de esos logros existe algo mucho más importante: miles de pequeñas experiencias de movimiento que suceden cada día.
Levantarse de la cama, ponerse un calcetín, ayudar a poner la mesa, perseguir una pompa de jabón o recoger los juguetes son mucho más que actividades cotidianas. Son oportunidades extraordinarias para que el cerebro aprenda, se organice y construya nuevas conexiones neuronales.
Desde la Atención Temprana sabemos que el desarrollo infantil no ocurre únicamente durante las sesiones de intervención. La evidencia científica, a través de diferentes estudios e investigaciones de la mano de relevantes organismos como la OMS o Unicef (Early Moments Matter for Every Child, UNICEF 2017) demuestra que los aprendizajes más sólidos se producen cuando los niños practican habilidades en sus entornos naturales y dentro de actividades que tienen significado para ellos.
No se trata de añadir más ejercicios al día. Se trata de transformar los momentos cotidianos en oportunidades de aprendizaje.
¿Por qué es tan importante la motricidad?
La motricidad es la capacidad que tenemos para mover nuestro cuerpo de forma coordinada y adaptada al entorno. Tradicionalmente hablamos de dos grandes áreas:
Motricidad gruesa
Incluye todos aquellos movimientos que implican grandes grupos musculares:
- Caminar
- Correr
- Gatear
- Saltar
- Mantener el equilibrio
Motricidad fina
Hace referencia a los movimientos más precisos de manos y dedos, necesarios para actividades como:
- Coger pequeños objetos
- Utilizar cubiertos
- Abrir recipientes
- Dibujar
- Construir torres
Aunque solemos separarlas para explicarlas, ambas trabajan continuamente juntas. Y lo más importante: la motricidad no solo sirve para moverse. Moverse favorece también el desarrollo del lenguaje, la atención, la memoria, la planificación, la autonomía, la regulación emocional y las relaciones sociales.
Diversas investigaciones en neurodesarrollo muestran que existe una estrecha relación entre el movimiento y el desarrollo cognitivo durante los primeros años de vida.
El cerebro aprende moviéndose
Durante la infancia el cerebro posee una enorme plasticidad. Cada nueva experiencia activa circuitos neuronales que, cuando se repiten de forma frecuente, se fortalecen. Por eso no basta con aprender una habilidad una sola vez. Es la repetición dentro de contextos reales la que permite consolidar el aprendizaje.
Cuando un niño ayuda cada día a ponerse la camiseta está practicando equilibrio, coordinación bilateral, fuerza, planificación motora, atención y autonomía… todo al mismo tiempo. Y además lo hace mientras participa en una actividad importante para él. Ese aprendizaje tiene mucho más valor que repetir un ejercicio aislado. Las rutinas son el mejor gimnasio del desarrollo
A veces pensamos que para estimular a un niño hacen falta materiales específicos o actividades muy elaboradas. La realidad es mucho más sencilla porque las mejores oportunidades aparecen durante las rutinas que ya existen en casa.
- Al vestirse.
Vestirse es un auténtico entrenamiento motor. Podemos invitar al niño a:
- Levantar los brazos para ponerse la camiseta;
- Sacar los pies del pantalón;
- Mantenerse de pie mientras se viste;
- Abrir y cerrar cremalleras;
- Pegar velcros;
Lo verdaderamente importante es permitir que participe.
- Durante las comidas.
Comer implica una enorme cantidad de habilidades motoras. Podemos favorecer que participe:
- Llevando la cuchara a la boca;
- Utilizando un vaso abierto;
- Pinchando alimentos blandos con un tenedor;
- Llevando el pan hasta la mesa;
- Colocando servilletas;
Además de trabajar la coordinación, también desarrollamos responsabilidad y autonomía.
- Durante el baño.
El baño suele ser uno de los momentos favoritos de muchos niños. Y también uno de los más completos para el desarrollo. Podemos jugar a: apretar una esponja, hacer pompas, llenar y vaciar recipientes, coger juguetes flotantes o lavar diferentes partes del cuerpo;
Todo ello mejora la coordinación, la fuerza y la conciencia corporal.
- Los desplazamientos por casa también cuentan.
No siempre hace falta salir al parque para moverse. Dentro de casa también aparecen muchas oportunidades. Por ejemplo:
- Llevar un cojín hasta otra habitación;
- Empujar una caja con juguetes;
- Recoger ropa del suelo flexionando las piernas;
- Transportar una botella pequeña de agua;
- Subir pequeños escalones con ayuda;
- Llevar un libro hasta la estantería.
Son actividades sencillas que desarrollan equilibrio, coordinación y planificación motora.
- El juego sigue siendo la mejor herramienta
El juego continúa siendo el lenguaje natural de la infancia. No hace falta dirigir constantemente la actividad. El juego libre también desarrolla habilidades fundamentales. Algunas ideas son:
Para trabajar la motricidad gruesa
- Hacer circuitos con cojines;
- Bailar siguiendo canciones;
- Perseguir pompas;
Para trabajar la motricidad fina
- Hacer bolitas con plastilina;
- Construir torres;
- Utilizar pinzas de la ropa;
- Ensartar cuentas grandes;
- La cocina: un laboratorio para aprender.
Con supervisión, cocinar es una excelente oportunidad para desarrollar habilidades motoras. Los niños pueden:
- Remover con una cuchara;
- Amasar;
- Lavar frutas;
- Pelar un plátano;
Además de trabajar la motricidad, favorecemos la autonomía y la participación familiar.
Un pequeño cambio que puede marcar una gran diferencia
No es necesario llenar la agenda de actividades.
No hacen falta juguetes caros.
No es imprescindible realizar ejercicios específicos durante horas.
Lo verdaderamente importante es que los niños participen activamente en su vida diaria.
Cada paso hasta el baño.
Cada cucharada.
Cada botón.
Cada juguete recogido.
Cada paseo al parque.
Cada movimiento cuenta.
Y cuando esos pequeños momentos se repiten día tras día, se convierten en los cimientos sobre los que se construyen la autonomía, el aprendizaje, la confianza y el desarrollo integral. Porque crecer también significa participar.
Y las mejores oportunidades para aprender suelen estar mucho más cerca de lo que imaginamos: en nuestra propia rutina.
Referencias bibliográficas (APA 7.ª edición)
Adolph, K. E., & Hoch, J. E. (2019). Motor development: Embodied, embedded, enculturated, and enabling. Annual Review of Psychology, 70, 141–164. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-010418-102836
Bronfenbrenner, U., & Morris, P. A. (2006). The bioecological model of human development. En R. M. Lerner (Ed.), Handbook of Child Psychology (6th ed.). John Wiley & Sons.
Dunst, C. J., Bruder, M. B., & Espe-Sherwindt, M. (2014). Family capacity-building in early childhood intervention: Do context and setting matter? School Community Journal, 24(1), 37–48.
Organización Mundial de la Salud. (2020). Guidelines on physical activity, sedentary behaviour and sleep for children under 5 years of age.
UNICEF. (2017). Early Moments Matter for Every Child.
Ministerio de Sanidad. (s. f.). Estrategia de Atención Temprana y desarrollo infantil.
MurciaSalud. (s. f.). Desarrollo infantil y Atención Temprana.
Your PDF: Cómo favorecer el desarrollo de la motricidad en las rutinas del día a día. Una guía práctica para familias desde Atención Temprana (documento de trabajo)
Autor: Equipo de Atención temprana del centro de Futuro Singular Córdoba en Castro Del Rio

