La falsa inclusión: estar no siempre significa pertenecer

Resumen

La inclusión no entiende la participación como un privilegio concedido por otros. La entiende como un derecho.

La diferencia entre integrar e incluir a las personas con discapacidad intelectual

Vivimos en una sociedad en la que, afortunadamente, la inclusión forma parte cada vez más de las conversaciones públicas, educativas y sociales. Hablamos de espacios inclusivos, educación inclusiva, cultura inclusiva o empleo inclusivo. Sin embargo, todavía existen muchas situaciones en las que la inclusión se queda únicamente en la superficie.

Porque estar no siempre significa participar.

Y porque hay personas que, aunque están presentes en una actividad, en una reunión, en una conversación o en un espacio compartido, siguen quedándose fuera de verdad.

A veces ocurre de forma evidente. Otras, de manera silenciosa e invisible.

Cuando la presencia no garantiza la participación

Imaginemos una actividad grupal en la que una persona con discapacidad intelectual está presente, pero nadie adapta la información para que pueda comprenderla plenamente. O una consulta del médico donde se habla sobre ella, pero no con ella. O una salida de ocio organizada sin tener en cuenta sus preferencias, sus tiempos o sus decisiones.

La inclusión real no consiste únicamente en compartir un lugar físico. La verdadera inclusión implica poder comprender, opinar, decidir, intervenir y sentirse parte de lo que está ocurriendo.

Porque hay una diferencia enorme entre ocupar un espacio y participar de verdad en él.

La exclusión silenciosa también existe

Cuando pensamos en exclusión solemos imaginar barreras visibles: una escalera sin rampa, un documento inaccesible o la ausencia de apoyos. Sin embargo, existen otras barreras mucho más difíciles de detectar.

Son esas exclusiones cotidianas que pasan desapercibidas como hablar demasiado rápido, no explicar las cosas de forma clara, infantilizar a una persona adulta, tomar decisiones sin preguntar, asumir lo que alguien puede o no puede hacer, organizar actividades donde algunas personas simplemente observan.

Son situaciones pequeñas, frecuentes y normalizadas que terminan generando algo muy profundo: personas que están presentes, pero que no participan realmente.

Y quizá esa sea una de las formas más silenciosas de exclusión.

Integración e inclusión: dos conceptos que no significan lo mismo

En este contexto, también es importante detenernos en el lenguaje que utilizamos. Porque las palabras no son neutrales. Las palabras construyen realidad y reflejan la manera en la que entendemos a las personas y a la sociedad.

Durante muchos años se habló de “integración” para referirse a la participación de las personas con discapacidad en distintos ámbitos de la vida social. En su momento, supuso un avance importante. Pero hoy sabemos que integración e inclusión no son lo mismo.

La integración parte de una idea implícita: existe un grupo mayoritario y normativo al que otra persona debe incorporarse.

Es decir, alguien “permite” que otra persona entre.

Aunque no siempre se haga con mala intención, el propio concepto deja claro que hay un grupo que pertenece de manera natural y otro que necesita ser aceptado o adaptarse para poder formar parte.

Por eso, desde entidades como Futuro Singular Córdoba, preferimos hablar de inclusión.

Porque la inclusión no entiende la participación como un privilegio concedido por otros. La entiende como un derecho.

La inclusión implica que todas las personas forman parte de la sociedad en igualdad de condiciones desde el principio. No hay un “dentro” y un “fuera”. No hay personas invitadas y personas que invitan.

Simplemente, todas las personas pertenecen. Y eso cambia completamente la mirada.

Construyendo inclusión real

La inclusión real no depende únicamente de grandes discursos o proyectos. Se construye cada día, en las decisiones cotidianas y en la manera en la que organizamos nuestros espacios, nuestras relaciones y nuestra sociedad.

Porque incluir no es sólo permitir que una persona esté presente. Es garantizar que pueda comprender, participar, decidir y tener voz en aquello que afecta a su vida.

Avanzar hacia una inclusión plena implica construir entornos accesibles universalmente, generar oportunidades reales de participación y dejar de situar a las personas con discapacidad en un papel secundario o únicamente simbólico.

Porque, como ya hemos visto, pertenecer no es únicamente estar, es sentirse parte.

Autora: Mª Esther Barbero. Responsable de Comunicación de Futuro Singular Córdoba