PRÁCTICAS EN ATENCIÓN TEMPRANA

Marga CañadasMarga Cañadas PRÁCTICAS EN ATENCIÓN TEMPRANA

La Dra. Marga Cañadas Pérez, licenciada en Antropología y diplomada en Terapia ocupacional es hoy es Vicedecana de Terapia Ocupacional en la Universidad Católica de Valencia y directora del Centro de Atención Temprana y Escuela Infantil La Alquería.

Además, es directora del Máster en Atención Integral y a personas con discapacidad intelectual y Miembro de la Junta Directiva de Eurlyaid, Asociación Europea de Atención Temprana

La opinión

Los primeros programas de Atención Temprana surgieron a finales de los años 60. En sus inicios, las intervenciones estuvieron centradas en el niño (realizando sesiones de un profesional trabajando con el niño en una sala de estimulación) sin tener demasiado en cuenta los aspectos familiares, educativos y comunitarios donde se desarrollaba.

A partir de los años 80, se propició la implementación de un nuevo paradigma de intervención, en el que los profesionales reconocían las fortalezas de las familias, invitándoles a participar de forma activa durante todo el proceso. (Dunst y Trivette, 2009).

La Atención Temprana se empezó a definir como los apoyos y recursos proporcionados a las familias, que repercutían tanto directa como indirectamente en el funcionamiento del niño, su familia y entorno (Dunst, 1985).

En nuestro país son varios los documentos elaborados donde se reflejaba este cambio de enfoque. La Guía de Estándares de Calidad de Atención Temprana (2004) reconoce la Atención Temprana como un proceso participativo orientado a normalizar la vida familiar, estableciendo indicadores que proponen intervenciones adaptadas a las rutinas y entornos normalizados de la vida familiar.

Un año más tarde, Las Recomendaciones Técnicas para el Desarrollo de la Atención Temprana (2005) introduce el paradigma de prácticas centradas en la familia como base de la intervención.

La función de los profesionales (a través de su experiencia y conocimiento), se centra en brindar apoyos a la familia para:  identificar sus prioridades, necesidades y objetivos deseados, que sea capaz de tomar decisiones informadas, y desarrollar o fortalecer competencias que le permitan contribuir a que su hijo alcance el máximo nivel de desarrollo. Todo ello se realizará mediante la elaboración de estrategias que estarán diseñadas de manera flexible, de modo que puedan integrarse a las actividades y rutinas familiares cotidianas (Raver y Kilgo, 1991).

En el momento actual, la ciencia respalda que no por más horas de intervención directa de los especialistas se obtiene mejores resultados en el desarrollo de los niños. Si apostamos por la Inclusión, empecemos por dar respuesta en las primeras etapas de la vida con servicios que, tal y como se ha descrito, realmente ayuden a normalizar la vida de los niños y sus familias.

Marga Cañadas

* Queremos agradecer a Marga Cañadas su colaboración con el blog de Aprosub compartiendo sus reflexiones sobre las prácticas en atención temprana desde los años sesenta hasta el momento actual.